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CÁPITULO 3:
EL CUERPO FÍSICO
EL SISTEMA LÍMBICO
El sistema límbico es un sistema interno que combina los sistemas inmunológico, de reparación, crecimiento y reproducción celular. El sistema inmunológico implica el tener células que combaten la materia ajena como el polvo, el polen, los virus y los contaminantes. El sistema de reparación restaura los tejidos dañados mientras que los sistemas de crecimiento y reproducción mantienen y reemplazan los tejidos viejos o desgastados.
Debilidad en el sistema límbico puede resultar en alergias, sensibilidades o aún condiciones crónicas y degenerativas que no pueden ser corregidas o “curadas” por la ciencia médica. El cáncer es un perfecto ejemplo de un sistema que se ha desorganizado tremendamente y ha perdido su habilidad de discriminar entre células normales o anormales. Toda mutilación criminal puede resultar en un cuerpo en donde las células empiezan a dividirse y multiplicarse fuera de control. La ciencia ha demostrado que todos tenemos células en nuestro cuerpo que son “cancerosas” pero bajo condiciones normales otras células las monitorean y destruyen tan pronto como se comportan mal. Son entonces expulsadas fuera del cuerpo, dejando atrás solo las células buenas.
Cuando el sistema límbico es vuelto a poner en función, usando los protocolos N.O.T., el cuerpo o individuo anteriormente “desorganizado” puede “despertar” y empezar a remover estos tejidos anormales en cosa de días o semanas.
Las alergias indican otra clase de desorganización, en donde el cuerpo ha perdido su habilidad de reconocer y aceptar una sustancia normal en el ambiente. Por ejemplo, cuando uno esta expuesto por primera vez al pan, el cuerpo produce células que reconocen la molécula del pan como una sustancia de uso. Digiere el pan, usa su energía y hace un “archivo de reconocimiento” que se almacena en el cerebro. La siguiente vez que el pan toca la lengua, el cuerpo va derecho al cerebro y corrobora en su archivero si reconoce la sustancia. Si la reconoce, el cuerpo acepta el pan como “amigable” y empieza el proceso normal de digestión.
Sin embargo, en un sistema nervioso desorganizado, es como si los archivos hubieran sido revueltos o que ni siquiera se pudieran guardar.
Entonces el cerebro cree que la sustancia es desconocida o que amenaza la vida ya que no tiene ningún recuerdo de haber sido expuesto a esta con anterioridad. Por razones de sobrevivencia rechaza la sustancia con estornudos, ojos llorosos, tos, vomito, diarrea, o reacciones a través de la piel tales como comezón y salpullido. Es muy desafortunado que tanta atención haya sido dada a aliviar los síntomas a través de tomar medicamentos por ejemplo, para parar la tos, secar los senos nasales, o bloquear la diarrea – siendo que esas son las estrategias de salud que el cuerpo emplea para tratar de sanarse a sí mismo. Este es también un perfecto ejemplo de cómo algunas veces nosotros trabajamos en contra de nuestro cuerpo y fallamos en reconocer su sabiduría porque somos demasiado flojos o ineptos para ver a través de los síntomas obvios.
En vez de evitar alimentos o síntomas incómodos, debemos de escuchar lo que el cuerpo nos esta diciendo, y reprogramarlo para coexistir con el medio como la naturaleza lo propone.
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